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Llegada de un bebe

 

La primera hora después del parto

En los primeros sesenta minutos después del nacimiento, es posible que esté excitada, agotada, aliviada y llena de emoción. También famélica, helada, dolorida y todavía entumecida por la epidural o la cesárea. Algunas mujeres tiemblan sin poder contenerse. Las hay que lloran de felicidad y las que lo hacen por inexplicable tristeza. Todas son reacciones físicas y emotivas normales ante el duro trabajo que acaba de realizar y el milagro del nacimiento y la llegada de un bebe. Su bebé está pasando por su propia multitud de adaptaciones; es posible que esté deslumbrado por las nuevas imágenes y sonidos o demasiado aturdido para prestar atención a nada.

Cómo está la madre

Durante dos o tres días, por lo menos, usted será la estrella, casi tanto como lo es el recién nacido. Y el personal del hospital le brindará tantas atenciones como a él. De hecho, en las primeras veinticuatro horas puede sorprenderla la frecuencia con que vendrán a tomarle la presión arterial, el pulso y la temperatura, y a revisar el estado del perineo y la incisión cesárea.
Llega a ser casi natural que alguien retire la sábana para masajearle el vientre o hacer comentarios sobre la sutura, hemorroides, pérdidas, etcétera (aunque puede resultar fastidioso que digan: “¡Oh, Dios mío!” cada vez que la miren).

Lo más probable es que el pudor haya volado por la ventana hace meses, durante el enésimo control de embarazo, pero tal vez quiera poner límites si la enfermera le propone acercar un espejo para mostrarle qué está pasando ahí abajo. En realidad, no le conviene saber cuántos puntos le pusieron ni lo impresionantes que son las hemorroides: por hoy ya ha tenido demasiado estrés. Éste es uno de los raros casos en que la ignorancia puede ser una bendición.

Si la llegada de un bebe ha sido por nacimiento por parto vaginal normal, no pasará mucho tiempo sin que las enfermeras le sugieran que camine hasta el cuarto de baño. Se acabó lo de ser Reina por un Día. Recuperarse ya no es reposo en cama y que le traigan la “chata”. En estos tiempos todo es “Levántese, póngase en marcha; así se sentirá mejor”. Pero tómelo con calma. Y si se siente mareada o demasiado fatigada para caminar, avise al personal: con gusto le darán una mano.

También debe avisar si tiene dolores. Es posible que el torrente de adrenalina natural le haya borrado el recuerdo de las contracciones (es el recurso de la naturaleza para que algún día acepte tener otro bebé), pero no espere que le alivie el trasero dolorido. Para eso puede aceptar el calmante que le ofrezca la enfermera. Entre los calmantes utilizados para aliviar las molestias de la incisión (episiotomía o cesárea), uno de los más comunes es el acetaminofeno con codeína, pero existe toda una variedad de medicamentos entre los cuales es posible elegir, incluidos el ibuprofeno, que no causa somnolencia en el lactante, pues no contiene codeína.

Cuando llegue el momento de dormir un poco, generalmente puede escoger entre tener al bebé en su cuarto o enviarlo a la nursery. De un modo u otro, no ha de ser mucho lo que duerma. Si tiene al bebé en el cuarto, habrá una enfermera que entrará de tanto en tanto para inspeccionarlos a ambos; además, tendrá que responder a los llantos de la criatura. Si el bebé va a la nursery, aún la examinarán con regularidad y le traerán el "envoltorio" para que lo amamante. Si le dará el pecho, debe saber que tener al recién nacido en el cuarto, según se ha descubierto, facilita la lactancia.

Muchos hospitales permiten que el flamante papá comparta la habitación; probablemente sea el único que podrá dormir en medio de tanto alboroto,
una característica que se tornará menos simpática con el correr del tiempo.

 

 
 

 

 

 

 

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